delante del palacio Escoriaza-Esquibel, mandado construir por quien fuera médico de Catalina de Aragón y de Enrique VIII de Inglaterra, hasta la iglesia de San Miguel, bajo cuyo pórtico se reunían los ediles vitorianos antes de existir una Casa Consistorial. Desde el parteluz, la imagen de la Virgen Blanca, patrona de la ciudad, preside la vista sobre la plaza de su nombre, antiguo mercado, lugar de torneos y conmemoraciones. Echamos un vistazo desde la balustrada en compañía de Celedón, representación del aldeano alavés. Visitaremos la plaza de la Virgen Blanca, pero, antes, continuamos nuestro recorrido por el Casco Medieval. Nos detenemos en la pequeña plaza del Machete, a la derecha de San Miguel, otro espacio con encanto, rodeado de tejados y miradores. En el muro hay un texto labrado, juramento obligado de los procuradores alaveses que, de incumplirlo, serían ejecutados con el machete allí colocado, aunque no se sabe de ninguno que lo fuera. A su lado, se alza el hermoso palacio de Villa Suso, casa torre del siglo XVI, que perteneció a la influyente familia de los Salinas y es ahora centro cultural. Algo más adelante nos espera la iglesia de San Vicente, que fue fortaleza militar. Es digno de contemplarse el armazón de madera, igual al casco de un barco vuelto al revés, que sostiene su techumbre y que ha sido recientemente restaurado y abierto al visitante. Preciso es subir unos cuantos escalones, pues la vista de la ciudad desde la torre es espectacular. Nos adentramos por las calles y cantones que conforman el Casco Medieval, llamado cariñosamente la "almedra" debido a su perfil, y cuyos nombres, evocadores de viejos oficios, apenas han sido modificados a lo largo de los siglos: Herrería, Zapatería, Correría (antigua Pellejería), Cuchillería, Pintorería y Nueva Dentro, también Judería. Antes de que la ciudad comenzase su expansión, estas seis calles estaban rodeadas por una puerta que se abría al amanecer y se cerraba al anochecer para preservar a sus vecinos de ladrones y maleantes. Nos fijamos en las casas de tres y cuatro alturas, estrechas, con su maderamen a vista, algunos de cuyos bajos han sido rehabilitados para albergar pequeñas tiendas con encanto. Y en las casonas y palacios, testigos de la Historia y, en ocasiones, desgraciadamente, también del abandono de sus propietarios. Algunos han sido restaurados y pueden visitarse como la Casa del Cordón, una de las más antiguas; el palacio de Bendaña, que alberga el Museo Fournier de Naipes o el de Montehermoso, propiedad que fue de los marqueses del mismo nombre y alojamiento de José Bonaparte, y ahora centro cultural. Salimos un momento del casco medieval y bajamos por el cantón de San Francisco Javier para visitar Artium, el Museo Vasco de Arte Contemporáneo que gestiona la importante colección de arte propiedad de la Diputación de Álava, y mantiene una gran actividad cultural a lo largo del año. Y regresamos a la "almendra". Pasamos por la plaza de la Burullería, precioso ejemplo de espacio medieval, mercado de granos y entrada a la villa. La preside la torre de los Anda, probablemente el edificio original más antiguo de la ciudad en compañía de El Portalón, casa de postas, hospedería y restaurante durante seis siglos. Continuemos nuestra visita en dirección a la plaza de la Virgen Blanca. En nuestro camino encontramos la iglesia de San Pedro, la más antigua después de Santa María, lugar de enterramiento de la poderosa familia de los Álava y de otras, no menos importantes; la torre de doña Otxanda, de hermoso nombre vasco de la época medieval y una de las torres que controlaban el acceso a la villa y que, en la actualidad alberga el Museo de Ciencias Naturales; y el palacio de la Diputación, de estilo neoclásico. |